sábado, 9 de abril de 2011

La ermita de La Caridad (III)

SIGLO XVIII y XIX: ERMITA Y HOSPICIO DE LA CARIDAD

En la anterior entrada nos quedamos con el abandono del Hospital tras fallecer el tercer conde en el mes de abril de 1721. Cuando se encontraba sin el sustento económico de los condes, parece ser que al menos el hospicio servía de albergue nocturno, en una especie de servicios mínimos.

 Las siguientes noticias nos llevan a 1753 donde el Concejo municipal de la época (el ayuntamiento) tomó en consideración la idea de restablecerlo, para que funcionase igual que en los tiempos de dicho tercer conde Francisco  Gutiérrez de los Ríos. Para ello se acordó solicitar la Real autorización y el apoyo de don Francisco de Cepeda, tutor del que sería sexto conde don Carlos José Gutiérrez de los Ríos, aún menor de edad que costease y diese carta blanca a la tercera refundación del Hospicio de la Caridad. Seguiría estando regido por los monjes franciscanos montillanos y que se debía de comprar una casa para que se asentasen estos. El acta que se levantó con tal propósito fue la siguiente:
Considerando esta Villa lo útil que sería a sus vecinos, en lo espiritual y temporal, la erección del Hospicio Religioso Observante de Nuestro Padre San Francisco de Asís y no dejando esta Villa de advertir que nunca como ahora se logrará mejor posibilidad para erigir y establecer el expresado hospicio, por contemplar que el Iltmo. Sr. Obispo dará su permiso sin dificultad y que no más asentirán a ellos los Sres. Vicario y Curas de esta Parroquial, a cuyo presupuesto, no duda del cristiano y piadoso celo del Iltmo. Sr. Don Francisco de Cepeda, tutor del Excmo. Sr. Don  Carlos de los Ríos, Conde actual de esta Villa, concurrirá con toda complacencia a obra tan pía y  santa, facilitando las licencias necesarias, así del Real Consejo como del Revdmo. Padre General de la citada Religión, siendo muchos los beneficios en particular y común que se seguirán a esta población y vecindario, de establecer dicho hospicio, ya por lo que mira a la virtud y educación y por lo que hace a la mejor paz, quietud y tranquilidad de estos naturales y aún para el socorro de algunos pobres, en el alimento cotidiano, por ser corrientes las limosnas con que se mantienen los religiosos y sustentan los necesitados, pareciendo ser bastantes para el mencionado establecimiento del Hospicio por ahora, dos religiosos presbíteros confesores, de buena conducta y un lego que les asista, que dicho Rvdo. Padre General elegirá, para que destinándoles una casa en sitio correspondiente, que podrá comprarse con limosnas de algunos bienhechores, vayan a ella, poco a poco, haciendo las oficinas precisas. Acordaron sus mercedes que para que sobre este importante asunto se den las provisiones conducentes, se saque testimonio de este acuerdo y se pase a manos del dicho Iltmo. Sr. Don Francisco de Cepeda, por quien se tomen los informes que correspondan, para venir en conocimiento de si conviene o no lo referido y, encontrando ser conveniente, facilite por medio de su autoridad dichas licencias, proporcionándolo todo de forma que tenga efecto la erección de dicho Hospicio, en el que se refundirán las limosnas de estos vecinos, para poderse mantener los religiosos, por no ser pocas las que anualmente se están dando a demandantes y a conventos de fuera de parte, que vienen a pedir a esta villa.
¿Cuál pudo ser esa casa? ¿Porqué no se usó nuevamente el  edificio del anterior Hospicio?

En este siglo, la capilla se está usando como parroquia principal de la villa puesto que la iglesia de Santa Marina se encuentra reconstruyéndose en torno a 1724y 1739. Sobre la casa o las casas que formaban parte del hospicio no se sabe mucho. Debían estar próximas, adyacentes a la capilla desde su fundación inicial en el siglo XVI, alguna probablemente en estado ruinoso o quizás se fueron cediendo o vendiendo a los vecinos para conseguir mantener durante algún tiempo más la labor caritativa del hospicio.

Ante la anterior acta, parece que no hubo pronunciamiento por parte del tutor del VI conde.

Llegó otoño de 1785 y se desató sobre Fernán Núñez una terrible epidemia de peste que consternó a la población durante varios años de manera que los cementerios del pueblo se quedaron saturados. Así consta en la reunión que se celebró el once de enero de 1786 donde refleja que en la ermita de La Caridad ya no caben más cadáveres.

Quizás esta desgraciada situación propició que por fin se restaurase, por última vez en su historia el Hospital y Hospicio de La Caridad, dotándolo ahora de diez amas, o nodrizas, a 33 reales cada una, para criar a los niños que no pudiesen ser atendidos por sus padres o aquellos que fuesen desamparados, a cuyo efecto mandó poner un torno en dicha casa, para recoger los expósitos. Para esta fundación, junto con el cuidado del nuevo cementerio de San Sebastián, el conde dejó una renta de 5279 reales.

Y aquí se pierde la pista, se sabe que la cofradía de La Caridad duró hasta el siglo XIX y siguió  con su sede en la capilla de dicho Hospicio, de tal manera era su arraigo que acabó por imponer su nombre al Hospicio y a la capilla-ermita. Probablemente en ese siglo también sería el fin del Hospicio para siempre, pues en esa época tuvo lugar las desamortizaciones más importantes de la historia de España en las que probablemente esta capilla perdería gran parte de las casas que formaban su hospicio.


Información editada y ampliada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crespín Cuesta
Entradas relacionadas: 

lunes, 4 de abril de 2011

La ermita de la Caridad (II)

FINALES DEL XVII  E INICIOS DEL SIGLO XVIII: ERMITA Y HOSPICIO DE LA SALUD.

En el año 1688 entran tres personas en la historia de este Hospicio y ermita, que volvieron a levantar el Hospicio, cerrado unos años atrás por falta de sustento:

- El tercer conde don Francisco de Gutiérrez de los Ríos
- El presbítero de Santa Marina de Aguas Santas, don Juan Criado de Fuentes
- El Padre Fray Diego de Córdoba, del convento de San Francisco de Montilla (luego Convento de San Lorenzo)

Restos del Convento franciscano de Montilla
Fray Diego de Córdoba escribio al Cardenal Salazar pidiéndole abrir un hospicio, pues los peregrinos que iban a Santiago de Compostela no encontraban cobijo en Fernán Núñez porque la mayoría de los vecinos pensaban que se trataban de moriscos. La carta decía así:
Excmo. Sr.: Fray Diego de Córdoba, Predicador y Guardián del Convento de Nuestro Padre San Francisco, de Recoletos de la ciudad de Montilla, provincia de Granada. A los pies de Vª Sª dice: Que hallándose el Sr. Conde de Fernán Núñez en ánimo de hacer un hospicio en su Villa, para el consuelo espiritual y bien de los fieles, manteniendo en el cuatro religiosos, dándoles lo necesario de pan, vino y aceite, para que estén continuamente en dicha Villa de Fernán Núñez, asistentes a confesar y ejercitar los demás ministerios que se ofrecieren, sin tener el trabajo de andar dos leguas desde el dicho convento de Montilla, como antes venían, Suplica a Vª Eª le conceda licencia para el dicho efecto, al dicho padre guardián y para que a Vª Eª le conste lo referido ofrece consentimiento del dicho Sr. Conde que está puesto a traer cada vez que Vª Eª se lo mande, cuya Eminentísima persona guarde Dios en su mayor Grandeza.

A lo que el Cardenal respondió:
Visto este memorial y atendiendo a las causas que en el se nos representan, damos nuestra licencia para que se haga el hospicio que se pretende, con tal que antes de seis días se presenten los consetimientos del Sr. Conde, y de la villa informen el Vicario y Clero de ella. Córdoba, Septiembre 16 de 1688. El Cardenal Salazar.
El fraile montillano leyó dicha carta al cabildo en la Sala Capitular de nuestra villa el 19 de Septiembre de 1688, recibiendo el visto bueno y la subvención del conde don Francisco, pero que no sería del todo suficiente.

Por tanto, se creó el Hospicio de la Salud que se instaló en el edificio del antiguo Hospital de Santa Ana, siendo nuevamente acondicionado para tal fin , incluyendo un cambio de advocación de su ermita, por el de Nuestra Señora de la Salud y se destinó a recoger niños expósitos ademas de sus iniciales funciones del anterior siglo. Sin embargo, al seguir instalada la  Cofradía de La Caridad  en dicha capilla se siguió llamándolo como el Hospicio u Hospital de la Caridad y a la ermita como "la ermita del Hospital  donde está la cofradía de La Caridad", o dicho de forma más corta: la ermita de la Caridad, aunque su nombre verdadero era "de la Salud".

Pero para su creación se necesitó la ayuda de Juan Criado que fue el que trató de convencer a la población de aquella época de lo necesaria que era su colaboración en la creación del nuevo hospicio. Y aquí es donde se mezcla la leyenda con la historia, pues parece ser que consiguió el apoyo de los vecinos gracias a que encontró la campana de la iglesia destruída en el 1385 por los árabes de la aldea precursora del Fernán Núñez actual: Abencalez.

Espadaña de la actual ermita
 El Hospital volvió a quedar abandonado al fallecer el tercer conde en el mes de abril de 1721.

Nuevamente tampoco conocemos como era el aspecto de la ermita en este periodo y si se reformó la inicial del siglo XVI. Lo que si parece probable es que se añadiesen o ampliase, y que se colocase una espadaña para situar dicha campana.

Información editada y ampliada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crespín Cuesta

Entradas relacionadas:
La ermita de La Caridad (I)


 Juan Criado, La Caridad y la campana de Abencalez

jueves, 31 de marzo de 2011

La ermita de La Caridad (I)

SIGLOS XVI Y XVII: LA ERMITA Y HOSPICIO DE SANTA ANA

La primera noticia vinculada con  la actual ermita de La Caridad, situada en la calle Francisco Bonilla, también conocida como la calle Empedrá, nos llevan al décimo señor de Fernán Núñez, don Alonso Gutiérrez de los Ríos y Venegas.

Alrededor de 1525, don Alonso por propia iniciativa y con cargo a sus rentas, mandó edificar la Capilla de Santa Ana, hoy ermita de La Caridad. Probablemente unos  cincuenta años después, en 1568 inicia su labor la cofradía de la Santa Caridad que se instaló en edificios anejos a la capilla, constituyendo el Hospicio de Santa Ana. Sus estatutos fueron aprobados por el Obispo de Córdoba don Diego de Ávila y Esquivel, el seis de julio de 1561.  En 1595 ya contaba con 254 hermanos.

Fue tal la importancia de dicha cofradía que acabó por sustituir el nombre, llamándose popularmente el Hospital de La Caridad, en lugar de su nombre original. A partir de ahora, hablar de la ermita será hablar del Hospital y de su cofradía pues las tres cosas, cofradía, hospital/hospicio y ermita van a ir unidas en la historia. Su función inicial era atender a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela por la ruta del sur y a pobres enfermos de la villa.

En rojo, la actual ermita y terreno adyacente, hoy solar, que pudo ser parte del Hospicio
 Poco se sabe de aquellos edificios iniciales. Debían estar próximos a las afueras de nuestro pueblo en aquellos tiempos. En primer lugar,  por encontrarse próxima a los caminos para salir y entrar del mismo, facilitando el cobijo de los peregrinos y en segundo lugar, para que en caso de enfermedad contagiosa, no situarse dentro de la población y así poder aislar los focos de infección. Y poco se sabe de como era la capilla inicial de aquella época y si fue la que perduró hasta antes de la Guerra Civil, cuando fue incendiada.

Probablemente los pleitos y juicios vividos en a finales del XVI dentro de la casa de los Gutiérrez de los Ríos por la sucesión en el señorío de Fernán Núñez, hicieron peligrar la manutención del Hospicio y su capilla y por eso, se entregó a la cofradía de dicho nombre, la cual intentaría sacar a flote y mantener los servicios prestados con la ayuda de los vecinos y del cabildo.

El  siglo XVII no fue mucho mejor, y los antes señores, y ahora condes de Fernán Núñez, estaban inmersos en guerras para las que destinaban grandes sumas de dinero y ya tenían bastantes rentas destinadas a su Hospital de los Ríos, el Monasterio de la Concepción, la Parroquia de Santa Marina de Fernán Núñez y otras capillas, incluyendo la del Sagrario de la Mezquita  en la capital cordobesa,  como para acordarse del humilde hospicio y su capilla de Santa Ana.

Finalmente el Hospicio en torno a 1680 cerraría sus puertas por no poder mantener esta situación.

Información editada y ampliada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crespín Cuesta

lunes, 28 de marzo de 2011

El Cuadro de El Socorro a Castro del Río

Este cuadro pertenece a la colección  de cuadros que son parte del Palacio Ducal y cuya ejecución fue mandada probablemente por el III conde Francisco Gutiérrez de los Ríos, realizados tanto para resaltar el engrandecimiento y el linaje de los condes de Fernán Núñez como para decorar el palacio fortaleza. En el Memorial de los Bienes Muebles realizado por el conde en 1717, se relacionan todos los objetos conservados en su castillo-palacio, describiendo los lienzos pero sin dar noticia de su autor, y desgraciadamente, sin mencionar unos dibujos que tienen la misma temática de los cuadros y que parece ser sirvieron de boceto para crear dichos cuadros. En 1983 el palacio ducal y sus tierras pasan a propiedad municipal y con esto los cuadros, que se han mantenido en un estado deplorable hasta no hace mucho, gracias a la Asociación Cultural Los Ríos y la magnífica labor de los restauradores Teresa de la Rosa Casado y Manuel Luque Posada.

Estado antes de la restauración del cuadro, cortesía de Teresa de la Rosa Casado

Dibujo, cortesía de Diego Luis Urbano
En el cuadro aparece el ejército musulmán liderado por Mohammed IV, dispuesto a cercar y vencer la ciudad de Castro del Río, que está representada en la mitad izquierda del cuadro. De esta se puede observar su espectacular muralla, la cual se conserva hoy parcialmente y en su interior los campanarios de dos iglesias. Castro del Río aparece rodeado de humo por los incendios provocados, y a los pies de la muralla se agrupan los soldados intentado abrir brechas o treparlas, mediante escaleras. En las almenas se pueden observar a los habitantes de Castro y a los refuerzos traídos por Martín Alonso Fernández de Córdoba intentando impedir el avance de las fuerzas granadinas.

Cuadro "Socorro a Castro del Río" cortesía de Teresa de la Rosa Casado
En un primer plano vemos un exuberante caballo que porta al rey Mohammed IV y justo detrás de el un estandarte con las armas del mismo y que posteriormente pasarían al escudo de don Martín Alonso por real privilegio, como contabamos en la anterior entrada.

En la parte final, como ya es costumbre en los cuadros de esta colección, aparece una leyenda con la siguiente información: 
EL REY MAHOMAD DE GRANADA PONE SITIO EN EL AÑO DE 1331 A LA VILLA DE CASTRO DEL RIO Y AVIENDO ENTRADO EN ELLA MARTIN ALONSO DE CORDOVA SEÑOR DE MONTEMAIOR Y FERNAN NUÑEZ LA DEFIENDE CON SUMO VALOR OBLIGANDO AL MORO A QUE ALCE EL CERCO Y RETIRANDOSE A SU REINO LE DEJE LA GLORIA DE TAN EROICA AÇAÑA. CRONICA DEL REY DON ALONSO XI. CAPITULO 112.
Este cuadro, junto a las correas de la montura del caballo eran la prueba de la participación de la Casa de Fernán Núñez en dicho socorro. Igual que el cuadro de la Villa de Linares sirvió para unir nuestro pueblo con la ciudad jiennense, sirva este para unirnos con nuestros vecinos de Castro del Río.

Entradas relacionadas:
El Socorro a Castro del Río (I)
El Socorro a Castro del Río (II)
El Socorro a Castro del Río, en el blog Historias de Castro del Río, por Diego Luis Urbano Mármol.


sábado, 26 de marzo de 2011

El socorro a Castro del Río (II)

(...)
Al amanecer de aquel 21 de marzo las tropas de Muhammed IV reanudaron con gran violencia su ataque, de manera que sus saetas llegaban a todos los lugares de su medio deshecha fortaleza. El rey musulmán tuvo noticia de que nuevas tropas podrían venir a auxiliar a Martín Alonso Fernández de Córdoba y decidió zanjar el asedio cuanto antes: se aproximaron a los portillos abiertos el día anterior para intentar entrar dentro de Castro, pero la bravura de los soldados de Martín Alonso, secundados eficazmente por los castreños malheridos, les impidió seguir con su propósito.

La lucha duró todo el día, llegándose en muchas ocasiones el cuerpo a cuerpo, hasta tal punto que resultó herido el señor de Fernán Núñez, pero siguió en el combate como todos los castreños y como el resto de sus guerreros.

La llegada de la noche puso fin a la cruenta y agotadora jornada donde Castro del Río resistió un día más, pero a costa de casi llegar al punto de perder a sus defensores. En la oscuridad, como ocurrió el anterior día, llegaron los refuerzos de Córdoba y Espejo, acaudillados por Pay Arias de Castro, acampando en una altura, frente a las destrozadas murallas.

Castillo de Espejo o de Pay Arias, por Quico Ventana.
Al despuntar el día, cuando los árabes se disponían a reanudar el ataque, vieron como a su espalda  se levantaban numerosas tiendas y un respetable ejército formaba ante ellas en orden de batalla. El sultán de Granada decidió abandonar y emprender la retirada. Pero don Martín Alonso, a pesar de sus heridas, ordenó la salida de la muralla, arremetiendo contra los musulmanes de forma muy rápida, tanto que sorprendió a los esclavos de Mohammed, que no habían logrado desmontar su tienda quedándose con algunas de las pertenencias de su enemigo, como ahora veremos.

En dicha retirada, el ejército granadino, para vengarse de la humillación sufrida asaltó y saqueó la ciudad de Cabra, derribando sus murallas y llevándose como cautivos a bastantes de sus habitantes.

Restos de la muralla urbana de Cabra
Para premiar estas acciones, Alfonso XI concedió nuevo escudo a don Martín Alonso, añadiéndole a las tres franjas rojas horizontales de la Casa de Córdoba, una banda negra engolada en dos cabezas de sierpe, tomadas del escudo del rey de Granada. A la vez, le concedió los títulos de Caballero de la Banda Dorada y Caballero Veinticuatro de Córdoba.
Escudo otorgado por Alfonso XI
 Durante mucho tiempo, estuvieron expuestos en una vitrina del castillo de Fernán Núñez, y posteriormente en el palacio, los atelajes de un caballo con una inscripción siguiente:
Montura del caballo que llevaba Mahomad en MCCCXXXI en el sitio de Castro del Río, cuya villa, con solo LXX de cavallo y pocos de a pie, entró el rico-home don Martín Alonso de Córdova, señor de Montemayor y de Fernán Núñez, peleando tan notablemente que, aunque salió con grandes heridas, los moros espantados de su fortaleza alzaron el cerco. Por esta singular hazaña, los descendientes de Don Martín llevan sobre las armas de Córdova las del rey moro
Esta silla, guarnecida de oro, plata y pedrería, pasaría después a mediados del siglo XX a la Casa de Cabrera y a la condesa de Talará, descendiente de la misma, que la dió en concepto de donación al Museo Arqueológico de Málaga.

Vitrina del Palacio Ducal de Fernán Núñez. Fotografía cortesía de Diego Luis Urbano
 En el palacio de Fernán Núñez también se ha conservado un cuadro que muestra el momento del cerco y cómo los soldados de don Martín junto a los castreños defienden Castro del Río.

Información editada y ampliada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crespín Cuesta
Fotografías del Castillo de Castro del Río por Vértice.

Entradas relacionadas:
El Socorro a Castro del Río (I)
El Socorro a Castro del Río, en el blog Historias de Castro del Río, por Diego Luis Urbano Mármol.
El Cuadro de El Socorro a Castro del Río

viernes, 25 de marzo de 2011

El Socorro a Castro del Río (I)

Doña Aldonza López de Haro fue la quinta señora de Fernán Núñez y Abencalez, casó con su primo el señor de Dos Hermanas y luego Montemayor, don Martín Alonso Fernández de Córdoba. En el siglo XIV la seguridad de los estados de estos señores exigía la permanencia de importantes fuerzas y construcción de fortalezas para guardar sus tierras de las partidas que organizaba el reino musulmán de Granada, que con frecuencia recorrían la campiña, robando y destruyendo muchos pueblos de la provincia cordobesa. La frontera estaba situada en las inmediaciones de Lucena y Priego y por tanto, los trigales y fincas de molinos aceiteros eran una constante tentación.

Estandarte de la dinastía Nazarí de Granada
 El 20 de marzo de 1331 emisarios del pueblo de Castro del Río llegaron a Córdoba solicitando ayuda para resistir el ataque de un potente ejército mandado por Muhammed IV de Granada.  Martín Alonso salió de Córdoba con las fuerzas que pudo reunir y al paso del vado del Guadajoz se les unieron  fuerzas de los señoríos de Fernán Núñez y  Dos Hermanas, presentándose en Espejo, donde solicitó la cooperación del señor de la villa, don Pay Arias de Castro. El señor de Espejo se negó, por temor a que los árabes atacasen su fortaleza, prometiendo que si se introdujesen estos finalmente en Castro del Río, iría en su auxilio. 

Vista de Castro del Río. Pier María Baldi, siglo XVII
 Y así fue, el rey granadino, con un numeroso ejército de infantería y caballería atacó la fortaleza del pueblo con tal dureza que logró abrir en la muralla algunas brechas, en las que se combatió cuerpo a cuerpo, pudiendo finalmente los defensores impedir la entrada de los invasores a duras penas.

Amparados en la oscuridad de la noche, llegaron los refuerzos de Córdoba, Fernán Núñez y Dos Hermanas. Los enemigos descansaban de la dura batalla librada de día alrededor de la muralla de Castro, confiando en que los sitiados no podrían resistir la avalancha del día siguiente y no tendrían más remedio que capitular o sucumbir. 

Castillo de Dos Hermanas en el término de Montemayor. Foto de Jorge Garzón
 El señor de Fernán Núñez dió orden de atacar a plena noche, con objeto de alcanzar las entradas de la fortaleza y poder introducirse en ella. Las tropas cordobesas se lanzaron con ímpetu contra los sitiadores, rompiendo el cerco, destrozando tiendas, matando y arrollando cuanto se ponía a su paso, hasta alcanzar uno de los boquetes, por el cual pasaron al interior de la muralla, recibidos con gran alegría por los castreños.

Vista actual de Castro del Río
 Martín Alonso encontró casi desfallecidos a los defensores. Infinidad de muertos se hacinaban junto a los portillos abiertos en la muralla, señal del heroísmo con que defendieron su villa. Otros estaban heridos, pero con armas en las manos dispuestos a seguir el ejemplo de los ya fallecidos. Rápidamente se empezaron a reparar los destrozos en la muralla, tapando los boquetes con piedras, vigas y hasta muebles, se distribuyeron las fuerzas por los lugares más vulnerables y se enviaron emisarios a Córdoba y a Espejo pidiendo más refuerzos.

Fragmento actual de la muralla de Castro del Río. Foto de Luis Puey Vílchez
Castro del Río había resistido el primer asalto y por fin, había recibido auxilio por parte de las poblaciones vecinas y de la capital, pero aún quedaba un segundo día de asedio. Los musulmanes estaban decididos a someter a Castro y que la plaza cayese en manos del reino de Granada...

Información editada y ampliada procedente de:
Historia de la Villa de Fernán Núñez. Francisco Crespín Cuesta

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El Socorro a Castro del Río (II)
El Socorro a Castro del Río, en el blog Historias de Castro del Río, por Diego Luis Urbano Mármol.
El Cuadro de El Socorro a Castro del Río

martes, 22 de marzo de 2011

El cuadro de la Procesión de la Virgen de Guadalupe (II)

En la anterior entrada describía la escena de la procesión, y ahora es el turno del paisaje. El problema de este cuadro es que no se conoce su fecha exacta de creación. La primera vez que se mencionan el conjunto de cuadros del que este forma parte, es en el testamento del III conde, don Francisco Gutiérrez de los Ríos que vivió entre 1644 y 1721. En 1706 es cuando se retira de la vida militar y decide volver a Fernán Núñez a pasar el resto de sus días, viviendo el pueblo un resurgimiento que muchos autores lo han considerado como el verdadero fundador de nuestro pueblo. Es también cuando comienza a interesarse por sus antepasados y quizás cuando decida el encargo de estos grandes lienzos.

Por tanto, si este cuadro es del siglo XVIII ¿las vistas que tiene serán también del XVIII?

He aquí la incógnita.  Probablemente así lo sea, pues es prácticamente imposible que este noble pudiese recordar como era la Plaza de Armas en el siglo XVI, concretamente en torno a 1525, cuando se celebró la procesión de la Virgen de Guadalupe. De esta época esperaríamos una Plaza de Armas más militarizada, por la cercanía en el tiempo a las épocas de guerra con el reino de Granada y para la defensa de las incursiones de los árabes por la campiña.

Vemos una Plaza de Armas donde quedan algunos reductos militares, restos de muros almenados, pero que van dando paso a nuevas zonas palaciegas e incluso con jardines ya del estilo del siglo XVIII, como el que se ve tras una puerta.

De la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas ya hablé en esta otra entrada, así que me voy a centrar en los edificios que vemos en la Plaza de Armas.

El aspecto actual de la Plaza de Armas data de 1783 - 1787, pues tras el terremoto y maremoto de Lisboa  de 1755 todo el conjunto quedó gravemente afectado, por tanto probablemente lo que vemos en el cuadro es una imagen de ese conjunto antes de este gran desastre.

1. Palacio o palacete 


Ocuparía la parte de la Plaza donde se encuentran hoy los edificios de las antiguas escuelas. En la imagen vemos un edificio de dos torres, de un estilo clásico o neoclásico que probablemente fue destruído por el terremoto de Lisboa. No parece tener una puerta principal, lo que hace pensar que estaría vinculado a la fortaleza pues en varios documentos de esta época ya se habla de la Fortaleza-Palacio de Fernán Núñez. No hay datos de qué señor o conde lo construyó. Consta de dos cuerpos y el aspecto es bastante similar a la fachada del palacio actual. En una de las esquinas, la que estaría frente a la torre de Fernán Núñez de Témez (torre que no se puede ver en el cuadro, por desgracia) tiene un escudo de armas de los Gutiérrez de los Ríos. En el lado contrario una puerta almenada da a un recinto con una fuente tras la cual podemos observar más dos ventanales con arcos de medio punto que asomarían al Llano de las Fuentes y al Encinar. No queda hoy día ningún resto de este palacio.

2. Casas capitulares/Antiguo Ayuntamiento


En este recorte vemos la esquina de la Calleja de la Cárcel, esquina donde actualmente se encuentra el Mesón del Duque y el actual ayuntamiento. En el cuadro podemos ver que antes del mesón había una gran casa que estaba habitada por nobles, así lo demuestran sus vestimentas. Por la ubicación eran propiedad de los condes de Fernán Núñez, con total seguridad, como lo fue el mesón que posteriormente se construyó sobre esas casas de la imagen. 

En cuanto al ayuntamiento, podemos contemplar como era un edificio de estilo renacentista con arcos de medio punto en su fachada, tanto en el primer cuerpo como en el segundo, donde tres arcos hacen una balconada y se acompaña de dos ventanas enrejadas, tan al estilo de Fernán Núñez, ventanas que cada día se están perdiendo más en nuestras construcciones actuales. En 1704 se derribaron las casas viejas propiedad del concejo de la villa y se encargó a Francisco Moyano, escultor del pueblo un escudo de la villa y de la casa condal que labró en escayola que serán los que hay a ambos lados del balcón. Además le encargaron un lienzo de la Virgen de Guadalupe, que era para la sala de Cabildos del ayuntamiento, del cual hoy desconocemos su paradero.

El resto de construcciones son de menor importancia, parecen grandes pabellones probablemente con función militar y casas de los habitantes del pueblo en las que en casi todas se puede observar como tienen un corral en su parte trasera.